12 | 11 | 2020

Entrevista a Daniel Filoni

Por: Samuel Bossini
2020

1. Como usted menciona: El haiku es una composición poética que consta de diecisiete moras (unidad fonética más breve que la silaba). Esas moras, llevadas a nuestra gramática ¿afecta en su composición y sentido?

No influye negativamente si la estructura métrica no se transforma en un corsé para la creatividad del poeta, porque, de lo contrario, el proceso creativo se reduce a un simple conteo silábico. Entiendo lo del respeto a la tradición, con el que concuerdo, pero no hay que olvidar que todo en el haiku es una adaptación, una transposición, en muchos aspectos forzada, de la silabación japonesa; por eso, no estoy de acuerdo con los que convierten el obsesivo conteo de las sílabas en el fin de sus poesías. En realidad, todo eso, cuando sucede, obstaculiza la intuición poética, relegándola a una dimensión subsidiaria dentro del proceso creativo. En resumen: sí al respeto de la tradición métrica japonesa, pero con clase, sin ninguna obsesión maniática. Porque, según mi opinión, primero se da la intuición poética, o sea, lo que el gran poeta alemán F. Schiller llamaba “disposición musical del alma”, y luego viene el trabajo sobre los elementos formales; si no fuera así el poeta se transformaría en una especie de “contable”, dedicado, sobre todo, al conteo silábico; lo cual, para mí, aleja del verdadero proceso creativo, que, por varios motivos, necesita más de la liberación del yo del poeta (subjetividad – autoconsciencia) que del control total del proceso compositivo que implica la hipertrófica atención por la forma.

2. En Latinoamérica el estilo Barroco tiene mucha presencia. En la estructura silábica de nuestra vida diaria, por ejemplo. ¿Cómo trabaja esas moras, cuyo origen como construcción es más sobria, austera, que nuestro idioma?

Tal vez el Barroco es el estilo que mejor caracteriza Latinoamérica, tanto en lo cotidiano como en la producción artística, y es por eso que, para mí, el género haiku, con su estructura formal austera, puede encontrar un terreno fértil como ejemplo, como modelo de vida, orientado hacia la mesura y dedicado al amor por las cosas simples de la existencia. Lamentablemente, en la mentalidad común la simplicidad es considerada un sinónimo de pobreza, esa simplicidad que, en cambio, en la cultura japonesa es portadora de sentido: el sentido que
Occidente perdió, por culpa de la irrupción prepotente del nihilismo, que eliminó los valores e insensibilizó a los hombres. Por eso, con más razón, el género haiku resulta significativo y vigente para la realidad actual de los estados occidentales.

3. En Latinoamérica, además de Borges y Lugones, el poeta mejicano, Juan José Tablada (que también menciona en su artículo), introduce el haiku en nuestro continente, según Octavio Paz y otros críticos, aunque es desmentido por otros investigadores. ¿Qué relación cree usted que puede encontrarse entre la cultura oriental y la nuestra, que a simple vista se ven tan opuestas y derive en adoptar
el haiku?

Precisamente, como toda gran cultura presenta su tabla de valores, aparentemente antitéticos a aquella contra la que se opone, la cultura occidental puede y debe encontrarse con las otras culturas. De hecho, yo diría, que más que encontrarse, en el siglo XXI, la cultura occidental tiene el fin ético de compararse y relacionarse con las otras culturas, particularmente con la oriental, que puede, dadas sus características, servir como estímulo y modelo. Por consiguiente, según mi punto de vista, por el hecho de que ya desde hace
algunos siglos la cultura oriental llegó a Occidente, sobre todo gracias al trabajo de profundización y de traducción realizado por el Círculo de Jena, especialmente por los hermanos Schegel, hoy tenemos una ocasión única para, en tiempos de nihilismo, tener en cuenta los valores profundos de la cultura oriental. ¿Qué cultura como la japonesa, con su arte profundo y austero puede asumir esta tarea? Por lo tanto, yo creo que el género haiku puede asumir esa necesidad: servir de modelo para la cultura occidental, y, al mismo tiempo, presentarse como un estímulo para la regeneración sentimental, afectiva y ética del ciudadano occidental, lamentablemente fosilizado y engañado por culpa de la devoradora máquina consumista, que embota las mentes y empobrece los corazones.

4. ¿Cambian los temas en el haiku latinoamericano con respecto al japones?

Toda transposición siempre es una adaptación, más o menos forzada, como en el caso de la transición de la lengua japonesa en italiano o en español. Los temas pueden cambiar porque la sensibilidad y la cultura son diferentes, tanto en los poetas latinoamericanos como en los europeos. Por eso, a pesar de que, en la tradición japonesa, y en el género haiku, el elemento natural es puesto en el centro de la estética tradicional, algunos poetas occidentales, en cambio, se sienten autorizados, por una sensibilidad diferente, a ocuparse de otras
realidades, como la de las metrópolis, o, incluso, la ético-filosófica, o, también, política. Por lo tanto, a la luz de cuanto dicho, los poetas occidentales hacen bien en tratar temas distintos de aquellos japoneses.

5. ¿Dada la austeridad del haiku, el escritor occidental lo ve como un desafío no sólo de estilo, inclusive espiritual, a la hora de escribir haikus?

Más que un desafío lo veo como una oportunidad, un motivo de comparación y de superación de los tradicionales cánones métricos occidentales, porque solo la confrontación con otras culturas proporciona el estímulo para superarse continuamente y para no permanecer anclados y fosilizados en la tradición, que debe ser respetada y, sin embargo, al mismo tiempo superada. Se trata de la difusión de elementos que estimulen y provoquen la formación de una nueva sensibilidad que luego trasforma, según el espíritu occidental, el material cultural que proviene de Oriente.

6. En el excelente artículo que usted publicó en La Prensa, nos dice: El haiku no pierde vigencia, hace mención que el haiku es una contemplación de la naturaleza. Los poetas que hemos mencionado: Tablada, Lugones, Borges, son escritores que han vivido en grandes urbes. ¿Tal vez es más la vinculación con la melancolía que con la naturaleza, donde siente el poeta latinoamericano su proximidad con el haiku?

Entiendo su pregunta y me parece pertinente. Sin embargo, no puedo responder, justamente por el hecho de ser argentino solo de adopción y no saber exactamente si para los poetas latinoamericanos es correcto lo que usted pide.
De todos modos, puedo tratar de responderle desde el punto de vista de un europeo, italiano, que nació y creció en una metrópolis como Roma. Mientras para el género haiku japonés el elemento naturalista es algo central, ya que este posee siempre un componente naturalista, en línea con el principio zen de la quididad, de la esencialidad omnicomprensiva de lo cotidiano, para los poetas occidentales, en cambio, este vínculo es menos importante. Es por eso que, aun encontrando un motivo de inspiración en la naturaleza, o como sostiene con
agudeza usted en la melancolía de la naturaleza (de la que tienen solo un vago recuerdo, perdidos entre los ríos de las metrópolis), sin embargo, se sienten autorizados a desvincularse, con garbo, del elemento naturalista que la estética japonesa, en cambio, necesariamente contempla.

7. También menciona y con acierto en su artículo, el origen zen del haiku. Doctrina filosófica hoy muy difundida. ¿Se le ha sumado al haiku otras filosofías de occidente a su construcción?

Pienso que la filosofía contemporánea occidental, que nace de entre las ruinas de
los grandes sistemas filosóficos del siglo XIX, da motivos al género haiku para
desarrollarse y difundirse en Occidente. La corriente filosófica de lo
“Postmoderno” y la del “Pensamiento débil”, junto a la difusión del nihilismo,
abren el camino a la estética del haiku. Frente a la perspectiva de la ausencia de
una corriente filosófica que pueda restituirnos, en su sistematicidad, verdades
incontrovertibles sobre el Ser y ante la ausencia de los valores y de la
desarticulación de los grandes sistemas filosóficos, se desarrolla, en Occidente,
el género haiku. ¿Qué son, fundamentalmente, los haiku? Yo respondo así:
“simplicidad, brevedad y belleza”. Los haikus se asemejan a esas flores que
crecen en terrenos áridos: son capaces de conmover por su belleza simple y
austera. Y Occidente, después de la gran decadencia, que caracteriza su cultura
contemporánea, necesita comenzar de nuevo, a través de cosas simples, pero al
mismo tiempo austeras. Y el género haiku responde a estas características. ¿No
será este, tal vez, el motivo por el que este género se está difundiendo con tanto
empuje en Occidente?

8. Usted nos dice: El sabi, o la belleza solitaria que encuentra expresión en un lenguaje simple e inmediato, y que se contrapone al hanayaka (la belleza viva y llamativa de las cosas mundanas). Si por algo está contaminado occidente es por lo mundano, frívolo. Ven la poesía como un lugar inaccesible. El haiku ¿cómo cree que puede sobrevivir en nuestros días, en occidente, sin caer presa de esa mundanidad y frivolidad? ¿Son actitudes de vida que pueden llegar a conformar como temas utilizables del haiku’ Exactamente. El sabi, o la belleza solitaria que se expresa mediante el lenguaje simple e inmediato, es la contrafigura de la cultura occidental, si bien aquí, más que de cultura, como han teorizado, con agudez, W. Adorno y M. Horkheimer, en su Dialéctica del iluminismo, se debería hablar de “industria cultural”. Por lo tanto, de un lado “la industria cultural”, que trata de aplastar todo lo que no entra dentro de la cultura del espectáculo, adoradora del becerro consumista, y del otro lado el sabi, que nos presenta una visión antitética: el/la solitario/a poeta inmerso/a en la espontaneidad de la naturaleza. ¿Cómo conciliar estos dos aspectos irreconciliables?

K. Marx diría que la dialéctica de la historia se mueve de esta manera: justamente,
esa cultura que ahora predomina genera, inconscientemente, los presupuestos para
un “vuelco de la praxis”, es decir por un cambio de paradigma. De hecho, yo no
creo que se pueda llegar fácilmente a una revolución radical en Occidente, pero
espero que al menos nazca una nueva consciencia emergente que pueda empezar a
acercarse a la naturaleza no económicamente, sino estéticamente. El sabi, en efecto,
es un camino que conduce, más allá del dominio de la “industria cultural”, al
descubrimiento de la belleza de la naturaleza y de su devenir cíclico.

9. ¿Cree que la lectura, además de su escritura, exige una formación previa para adentrarse en su contenido?

No creo que se necesite una formación, pero pienso que es oportuno comenzar a
acercarse, gradualmente, al fascinante mundo del género haiku, demostrando
atención e interés por su estética, tan particular, que debe nacer no de la
constricción sino de una espontánea curiosidad. Es claro que poseer el
conocimiento de la estética haiku permite que nos acerquemos con profundidad
a cada uno de sus composiciones, lo cual, sin los instrumentos oportunos, no
podría darse.

10. Y el ogosoka, o solemnidad de la experiencia sensible, en antítesis a ese sentido del ridículo, okashii, que a menudo resulta en lo desacralizador o en lo grotesco. Nos menciona usted en su artículo. ¿Cuál sería el limite de la desacralización en la escritura del haiku?

La desacralización en los componentes haiku, según mi opinión, se da mediante
el sentimiento que el poeta expresa a propósito de la fugacidad de la naturaleza.
Es una desacralización indirecta, pero muy eficaz. Aun sin nombrar lo grotesco
de la subcultura de la “industria cultural”, sin embargo, indirectamente, le
declara la guerra, mostrando, callando, su falsedad y su arrogancia. ¿Se puede,
hoy, percibir algo detrás de lo grotesco de la “industria cultural”? En efecto, el
género poético haiku nos hace sentir que algo todavía es posible y que otras
posibilidades, además de las consumidas por la industria cultural, pueden
manifestarse. Nos lo dice, precisamente, como el grande arte sabe hacer, es
decir: callando.

11. Desde siempre se ha hablado de la diferencia entre un filósofo y un poeta. María Zambrano, la filósofa española, nos dice que la diferencia radica en que el filósofo busca la verdad, el poeta la belleza. El filósofo no optará por la belleza, tampoco un poeta optará por la verdad. Usted nos menciona: el makoto (verdad), índice de la plenitud poética y espiritual de los haijin que, bajado a la naturaleza, se convierte en uno con ella. ¿El haiku tiene como prioridad la verdad antes que la belleza?

La diferencia existe y está a la vista de todos. Dejando de lado la grande filósofa
española, yo me remontaría a la distinción que de ello hace Aristóteles en su
“Metafísica”: aun tratándose del mismo fin, es decir la búsqueda de la verdad
(estética para el poeta y ontológica para el filósofo), sin embargo, las dos
categorías se diferencian por el método. Así como el poeta lo hace con
narraciones imaginativas, el filósofo la busca con el logos, es decir con la razón.
Según mi opinión, más allá de esta ponderación filosófica, también el poeta
puede llegar a la verdad, sin excluir la belleza. Sin embargo, la verdad a la que
llegará no es la verdad de la lógica, sino la de la estética, precisamente, la única
verdad que puede hacernos sentir la necesidad del sentido, en la ausencia de
sentido, algo que la filosofía, en cambio, no puede hacer, por el hecho de que
obra en el terreno exclusivo de la lógica (excepto algunas poquísimas
excepciones).

12. ¿Ve usted que el haiku tiene más difusión en nuestro siglo XXI, que en el siglo XX? ¿De ser así a que cree que se deba?

Me parece que el siglo XXI está, por las razones filosóficas que expresé más
arriba, más conforme y dispuesto a dejarle espacio a un género poético como el
del haiku, que hace de la brevedad, de la simplicidad y de la belleza los rasgos
de su propia estética. Tal vez, la cultura occidental en el siglo XX, todavía no
había llegado a ese grado de madurez y, por ciertos aspectos de degeneración de
la tradición que solo puede invitar a los nuevos poetas a recorrer otras calles
todavía desconocidas. Las dos guerras mundiales tenían que completar la
destrucción no solo material sino también cultural para el renacimiento de una
nueva sensibilidad, que la difusión del género haiku presupone.

13. Octavio Paz, en un texto sobre la traducción que hizo junto a Eikichi Hayashiya, de Oku no Hosomichi, principios de 1956 nos dice: La diversidad y aún oposición entre el punto de vista contemporáneo y el del primer cuarto de siglo no impide que un puente una a estos dos momentos: ni antes ni ahora el Japón ha sido para nosotros una escuela de doctrinas, sistemas o filosafías sino una sensibilidad. Lo contrario de la India: no nos ha enseñado a pensar sino a sentir. ¿Está de acuerdo?

Estoy de acuerdo con Octavio Paz en el sentido de que la cultura japonesa con
su profundidad, con su austeridad y con su respeto por la educación puede,
realmente, representar un paradigma para una sociedad como la occidental, ya
aséptica y anestesiada, porque engañada por los espejismos de la sociedad consumista, que, la mayoría de las veces, no sabe mantener lo que promete. Por lo tanto, bienvenidos sean todos esos estímulos que motivan y que invitan a
sentar las bases de una cultura regenerada. Por lo tanto, tenemos que recibirla
con los brazos abiertos.

14. ¿Cómo cree usted que es la mejor manera de encarar la traducción de un haiku, teniendo en cuenta un campo de interpretación tan amplio como la contemplación?

Aun antes de la traducción, creo que es más importante la disposición con la que
se encara la lectura de un haiku. Por ejemplo, si no se entiende que no se pueden
leer veinte haikus en pocos segundos no se llegará nunca a comprender el
sentido de una tal lectura. De hecho, he titulado mi segundo libro de haiku:
Tempo ritrovato (“Tiempo recuperado”), precisamente porque la lectura de un
haiku necesita recuperar tiempo para la participación y la contemplación de la
realidad, hábito que nosotros, los occidentales, hemos perdido por culpa de los
ritmos frenéticos impuestos por la sociedad acelerada en la que vivimos. El
tiempo del haiku es el tiempo de la belleza, de la lentitud y de la participación
contemplativa. También en esto tenemos que aprender de la cultura japonesa.

15. Ayako Kishimoto, miembro de la Fundación Cultural Argentino Japonesa, en una entrevista dice: el contacto con Occidente hizo que los japoneses tuvieran que dar respuestas a las preguntas occidentales y se esforzaran por comunicar sus costumbres. ¿Cree que occidente dio y da respuesta a costumbres orientales y estas de las occidentales? ¿O ambas trabajan dentro de sobreentendidos, sobre todo la cultura occidental en su idea de lo oriental, con el Japón en especial?

Muy interesante. Más allá de los estudios comparados modernos (filosofía,
literatura y religión) me gustaría explicar lo que usted me está preguntando con
una descripción icástica. Ciertamente el contacto entre culturas provoca un
encuentro-choque, es decir una dialéctica. El secreto, según mi punto de vista, es
el de no asumir, con respecto a otra cultura, una actitud de superioridad, ya que
no existe superioridad de ninguna cultura en relación a otra. Tal vez, la clave
para un cambio, es la de asumir frente a culturas diversas una actitud filosófica
(erótica). Como los primeros filósofos griegos, aun conscientes de no poder
alcanzar la sabiduría (porque solo los dioses son sabios) eran inducidos por el
deseo del conocimiento porque se sentían privados de esta última, del mismo
modo, deberían comportarse los que entran en contacto con una cultura
diferente, o sea: conscientes de la imposibilidad de comprenderla
definitivamente, deben, movidos por el amor al conocimiento, tratar de acercarse
lo mejor que puedan a los secretos y a la belleza de esta última. Así, una vez que
las culturas entran en contacto, resulta más fácil captar lo mejor que cada una de
ellas tiene para ofrecer.

16. ¿Qué lugar cree que tiene el haiku en el Japón hoy, siendo un país del llamado Primer Mundo, tan tecnológico y moderno, creadores de robots y casa automáticas?

Hermosa pregunta. El género poético haiku debería ser el contra-altar de esta
cultura tecnológica. O sea, debe mostrar que también en nuestro mundo hiper
tecnologizado, la poesía puede hacernos sentir el mundo no de un modo
económico, sino estético. Por eso creo que este el lugar que le incumbe al género
poético haiku con respecto a la contemporaneidad: seguir haciéndonos sentir la
simple belleza de la naturaleza en devenir, no de un modo económico sino
estético.

Muchas gracias.